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Encontrar a personas en condición de discapacidad bailando y gozando en medio de una rumba, no tiene nada de raro. Pero cuando son esas personas quienes ‘arman’ la fiesta y ponen el ritmo, la cosa es a otro precio.

 
De pie sobre el escenario, y aún sin los vestidos y la escenografía con la que acostumbran inmortalizar en la memoria sus cuerpos esculturales, los bailarines de Zafra, ensamble de salsa, parecían volar a ritmo de son cubano y a puerta cerrada en el recién inaugurado Auditorio Zea mays, en Chía.

 
Pasaron 14 años, varias administraciones y muchas adversidades para materializar el sueño municipal de tener un escenario con toda la tecnología, la belleza y la infraestructura que necesitan el arte y la cultura de Chía.

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